Padres – hijos: se conocen?

Cuando leí esta nota de VALERIA BEDROSSIAN  me pareció una maravilla y dije la quiero publicar… después dije que  tiene que ver con nutrición , pensé mas y TODO  lo que tiene que ver con nuestras emociones tiene que ver con la forma en que nos comportamos, en este caso con LA COMIDA.

Hable con vale y aqui se las comparto !!!
charla
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Qué nos pasa con lo que nos cuentan nuestros hijos ? 

Cuando retiro a mi hija del colegio, mientras camino esas cuadras cargadas de niños alborotados, de padres ansiosos, autos estacionados en doble fila, escucho las típicas preguntas que hacemos a los chicos: ¿cómo te fue?, ¿qué tal el cole hoy?, a lo que generalmente responden con un monosílabo, o como mucho: “¡bien bien…todo bien!”.

Es evidente que ese no es “su momento” para expresarse. Sin embargo, como padres, al día siguiente volvemos a reproducir la misma escena. Y las respuestas vuelven a ser las mismas.

Ahora bien, puede ser que en el momento menos pensado, cuando estamos preparando la cena o queremos relajarnos escuchamos que comentan al pasar: “El año que viene me quiero cambiar de colegio”, “Hoy Dante insultó a Bruno y la seño no le dijo nada” o “Hoy lloré porque no terminé de copiar y mis amigas se reían de mí…”.
En esos momentos en que estamos concentrados con otra cosa nos cuesta conectarnos con esos relatos dignos de atención.

¿Qué nos pasa con lo que nos cuentan nuestros hijos?

En mi caso, cuando me sucede algo así, algún comentario que me desconcierta, una parte mía dice: “está con ganas de hablar, aprovecho este momento para escucharla”. Entonces, sigo en lo que estoy haciendo para no demostrarle mi preocupación sobre el tema, pero toda mi disposición está puesta en eso que me está contando. Me debato por intervenir y a la vez intento escuchar sin juzgar. ¡Qué esfuerzo enorme!.

Me pregunto, ¿cómo reaccionamos cuando nuestros hijos nos expresan algo que nos parece inaceptable?

Cuando escucho esas palabras que me impactan, me quedo expectante…Y pienso ¿en qué momento decirle algo? Porque si lo hago, interrumpo esa ola de sinceridad, si le corto el relato, temo que no pueda retomarlo. Entonces, muchas veces le pregunto sutilmente, tratando de entender qué piensa o siente al respecto.

Como psicóloga no creo mucho en los consejos: muchas veces se da un consejo porque como padres resulta inevitable darlo, como una necesidad de expresión sabiendo, muchas veces, que no va a ser tenido en cuenta. ”Esa relación te aleja de tus amistades”, “Ese trabajo te distrae de tu carrera”, etc. Otras veces uno, en el acto de darlo, está intentando reparar una experiencia personal a través del otro: “No dejes tu carrera por la maternidad”.

Uno sabe que la experiencia es intransferible, pero hay algo del orden del cuidado que necesitamos transmitir. O Pensándolo al revés: si nos quedáramos con ese “conocimiento” sin haberlo compartido nos sentiríamos mal.

Si pudiera transformar estas inquietudes en un consejo me atrevería a decir:

Atrevámonos a entrar en conversaciones con nuestros hijos…en primer lugar abriendo no sólo los oídos sino también nuestro ser para escuchar aún aquello que no nos resulta agradable…y luego ver en qué momento dar nuestra apreciación.

Del “Tenemos que hablar” a “encontrarnos conversando….”

Dejemos a nuestros hijos contar sus relatos


Tomar las oportunidades que se nos ofrecen cotidianamente para abrir esas posibilidades de expresión de los relatos….sí.!!! ..en el lugar en el que nos encontremos!!! No se puede acordar una cita para esos diálogos espontáneos. Facilitar la charla.… dejarlo expresarse, dejarlo narrar, contar, reírse, enojarse, emocionarse, arrepentirse porque lo que ocurre generalmente es que si el niño está contando algo que es inaceptable para el padre, éste lo interrumpe le da un sermón sobre lo malo, negativo, peligroso etc. Y evita que el niño se exprese y que él mismo pueda reflexionar. Y qué sucede? La próxima directamente lo omite.
Y el padre tranquilo.. porque el “niño hace las cosas bien”….La relación logra el ocultamiento.

Esto no implica aceptar lo que nos cuente, pero evidentemente hay que darle lugar… aunque sea para luego ayudarlo a pensar, a rever posibilidades, consecuencias, transmitirle un criterio… nuestro parecer y fundamentalmente no dejarlo solo.

Para que ellos puedan abrirse a una sugerencia la secuencia ideal sería: dejar que se terminan de expresar, luego hacerlos pensar al respecto y finalmente si dar nuestro parecer. Conversar.

Palabras de padres que atraviesan estas situaciones:
“Acompañar: no hacer por el otro, estar atentos, sin censurar de antemano, participar de charlas, no bajar línea, aunque dan ganas, sino pensar juntos, compartir miradas complementarias, dar sin esperar a cambio”.

¿Queremos escuchar lo que verdaderamente les pasa o lo que esperamos escuchar?.

En mi experiencia de terapeuta escucho a diario que los niños y adolescentes omiten contar aquello que creen que sus padres consideran inaceptable y eso es para mí un gran riesgo. Es ahí donde dejan de estar acompañados para tomar sus decisiones.

¿Qué hacemos con nuestros niños?

Sería esencial replantearnos cómo afrontamos la comunicación y darnos cuenta que a veces transmitimos algo muy distinto de lo que creemos por no estar abiertos genuinamente a esas conversaciones espontáneas. Siempre la comunicación es una oportunidad de clarificar nuestras ideas y especialmente de acercarnos.

Lic. Valeria B. Bedrossian(U.B.A.). 


@valebedro

 www.linkedin.com/in/valeriabedrossian


vbbedrossian@gmail.com


			

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